Archive for ‘Política’

octubre 4, 2009

Felipe Calderón, el amo de las porras

por Mauricio González Lara

LIC. FELIPE CALDERON HINOJOSA

Habilidoso para el discurso motivacional, pero de gestión decepcionante y poco efectiva, Felipe Calderón Hinojosa, nuestro honorable presidente, es el amo de las porras.

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, un porrista es una persona entusiasta que, con un pompón en cada mano, anima a su equipo y a los espectadores con cantos y movimientos gimnásticos. El porrista, apunta el diccionario, también es un hincha que apoya de manera incondicional a su equipo, sea desde la tribuna, a través de gritos y aplausos, o en reuniones y eventos, donde defiende con pasión e intensidad las virtudes de su camiseta. Un porrista no es un actor en la toma de decisiones, ni tiene injerencia alguna en el gran esquema de las cosas; si sus porras contribuyen o no al mejor desempeño de su equipo, no es relevante: el animador es una escandalosa caja de resonancia cuya eficiencia es juzgada por la cantidad de ruido que hace. De hecho, como sabe cualquier aficionado a los deportes, existen muy malos equipos con excelentes porristas, lo que no forzosamente significa que sean individuos de presencia memorable.

El porrista, por definición, es una persona gris, sin rostro, cuyos gritos de apoyo a veces se confunden en medio de otros gritos, provenientes de porras antagónicas y más escandalosas. Tampoco hay que minusvalorarlo, aunque no requiere talento para la operación ni capacidad de mando, la labor de porrista no es sencilla: se requiere ser optimista y gritón todo el tiempo. En México contamos con grandes porristas; nuestro país goza de un superávit de personajes envalentonados que lanzan discursos motivacionales y ganadores, pero que a la hora de la verdad, cuando hay que traducir las palabras en acción, simplemente optan por emitir más porras y gritos. El mejor exponente de esta dinámica, qué duda cabe, es nuestro presidente, Felipe Calderón Hinojosa, el amo de las porras.

Del dicho al hecho

“Pegarle al presidente”, como se dice en el argot periodístico, ya no es prueba de nada. Desde el tristemente famoso error de diciembre de 1994, los ataques periodísticos contra la figura presidencial son ya un lugar común en buena parte de los medios de comunicación. En el caso específico de Felipe Calderón, el grueso de las críticas adolece de maniqueísmo y desinformación. Los pecados de nuestro actual presidente no son, como suponen algunos medios izquierdistas, los atavismos o conservadurismos morales (Calderón es un tipo demasiado ilustrado como para ser un “meón de agua bendita”); tampoco son, como argumentan algunos “conspiracionistas” trasnochados, las filiaciones dogmáticas al neoliberalismo o a poderes fácticos abstractos como el Banco Mundial o la “oligarquía empresarial” (no hay, por lo menos en términos económicos, un proyecto presidencial genuinamente ortodoxo).

El problema de Calderón, materializado al máximo en estos primeros tres años de su administración, es su confusión conceptual: vehemente y apasionado, el presidente cree que las cosas suceden por el simple hecho de desearlas intensamente. La planeación -es decir, el establecimiento de las pautas de gestión que permitirán la obtención futura de resultados- no es algo que considere importante: Calderón, porrista al fin, se mueve siempre en el “sí se puede”, pero nunca dice cómo ni cuándo planea obtener los logros que anhela y promete. Como candidato, juró que iba a ser el presidente del empleo, que México crecería a un ritmo de alrededor del siete por ciento anual, que evitaría que los mexicanos saltarán al otro lado de la frontera para buscar una vida más digna, que disminuiría la criminalidad, que enfrentaría al corporativismo sindical, que establecería un plan de salud universal, en fin. Hoy, sin embargo, la decepción es desoladora: el presidente ni siquiera ha podido cumplir con una medida tan sencilla como la eliminación del pago de la tenencia, ya ni se diga con el porcentaje de crecimiento que prometió (a no ser que le haya faltado precisar que ese siete por ciento se iba a registrar en términos negativos, como sucederá en este 2009).

A diferencia de otros políticos, Calderón nunca suena hueco ni carente de habilidad retórica; es más, con frecuencia sus discursos son francamente inspiradores. Botón de muestra: el mensaje que dio el pasado dos de septiembre con motivo de su tercer informe de gobierno. Emocionado y con el majestuoso Palacio Nacional de fondo, Calderón enumeró nuestros males, lamentó fallas sistémicas y conmino a todas las fuerzas políticas a establecer consensos y ejecutar una agenda de verdadero cambio, la cual plasmó en un decálogo de reformas impostergables (redimensionamiento fiscal, telecomunicaciones, salud, entre otras).

“Las cosas ya no pueden seguir así”, enfatizó el presidente. ¿Quién podría argumentar lo opuesto? El entusiasmo funcionó algunos días: opiniones favorables de editorialistas, benevolencia por parte de líderes de la oposición, felicitaciones de empresarios, etcétera. No obstante, a un mes de distancia, queda claro que el decálogo presidencial no pasó de ser una porra más: no hay una sola acción por parte del gobierno que permita pensar que esta vez las cosas sí van a ser diferentes. Todo lo contrario: los cambios en el gabinete confirmaron la sospecha de que a Calderón le gusta rodearse de gente leal, pero de dudosa efectividad y conocimientos; el paquete fiscal -una herramienta vital para promover el crecimiento empresarial, el empleo y la creación de riqueza- es un modelo de falta de imaginación, que aparte presenta un aumento al IVA bajo el ofensivo disfraz del “combate a la pobreza”; y la batalla contra el crimen, tan cacareada por los incondicionales del presidente, se volvió a agotar en decomisos sin importancia o en golpes mediáticos, como el patético dizque secuestro del avión de Aeroméxico. Peor aún, Calderón se niega a aceptar los errores: en un lenguaje cada vez más agresivo y menos cifrado, el presidente sugiere que no sumarse a la porra equivale a ir en contra del progreso del país.

¿Qué hacer frente a esta lógica? Quizá la respuesta la tenga Thomas Szasz, el polémico sicólogo húngaro que define a la herejía como “el acto de insistir en que dos más dos son cuatro cuando lo apropiado, lo patriótico, lo profesional, es decir que son cinco”. En estos momentos, sobra decir, el país podría usar más herejes como los descritos por Szasz, y menos porristas vacuos como el presidente. (F)

*Este texto se publica en la revista Deep de octubre.

septiembre 14, 2009

El proyecto Peña Nieto

por Mauricio González Lara

enrique peña nieto

Una radiografía de los intereses que mueven a uno de los proyectos más controvertidos de la política mexicana: la ambición por llevar a Enrique Peña Nieto a la presidencia.

Formado en una familia tradicional, educado por el brazo universitario del Opus Dei (la Universidad Panamericana), priista, de 1.72 metros de estatura, 69 kilogramos de peso, poseedor de un eterno pelo engomado a prueba de huracanes, y calificado por la prensa de sociales como “el político más guapo del país”, Enrique Peña Nieto, de apenas 43 años de edad, no sólo gobierna la mayor plaza política de la nación, el Estado de México, sino que es el centro donde confluyen una amalgama de intereses que, si bien diversos, comparten un claro objetivo: la presidencia de México.

El proyecto por llevar a Peña Nieto al poder en el 2012, cada vez más sólido y evidente, se alimenta de una confabulación de actores políticos y empresariales cuyo fin es construir una precampaña mediática que, además de convertir al gobernador en el político más popular de México, lo torne en un candidato invencible en el imaginario colectivo nacional. No hay que confundirse: el proyecto Peña Nieto no es un sueño de opio o una azotada “teoría de la conspiración”. Mucho menos es un simple fruto del clásico juego de especulaciones que se desata en México una vez que se cruza a la segunda mitad del sexenio. Esta es una conspiración real, producto del deseo de los diversos actores que la componen por proteger y ampliar sus inversiones e influencia durante la próxima década; un producto de la praxis y la mercadotecnia. ¿Quiénes son los protagonistas de esta obra? ¿Cuáles son los intereses que se verían beneficiados con el arribo de Peña Nieto al poder? ¿En qué consiste su estrategia para alcanzar la presidencia? ¿Cuáles son los obstáculos a vencer? ¿Quién es Enrique Peña Nieto? ¿Cuáles serían las implicaciones de su eventual triunfo?

Para responder a estas interrogantes, entrevistamos a dos analistas que le han dado un seguimiento de sombra a la carrera del gobernador del Estado de México: Jenaro Villamil, periodista de Proceso y escritor de Si yo fuera presidente: El reality show de Peña Nieto (Grijalbo), y Francisco Cruz, otrora editor del ya desaparecido periódico El Centro y autor de Negocios de familia: Biografía no autorizada de Enrique Peña Nieto y el Grupo Atlacomulco (Planeta). He aquí sus conclusiones:

1) Peña Nieto es el candidato de Televisa y el “infobranding”

De acuerdo con Villamil, también autor de La televisión que nos gobierna, con Peña Nieto se ha consolidado una nueva mercadotecnia político – electoral: el “infobranding”, el cual consiste en transformar al gobernante en una marca vendible, y a su gestión pública en un continuo escaparate mediático que no distingue entre vida privada y pública, ni establece límites palmarios entre los intereses del gobierno y los de las empresas que lo convierten en su títere. El truco radica en maquillar la propaganda en información y la promoción de imagen en un asunto que lo mismo se puede difundir en espacios de “información dura”, en columnas de chismes sociales, en programas de espectáculos y hasta en telenovelas, al grado de convertir su vida en un melodrama políticamente rentable. Esta fórmula, enfatiza el analista, “sacraliza al rating como si fuera índice de aceptación y eficacia política, a la vez que transforma el carisma un culto constante a la imagen”.

Los resultados en sí de la gestión de Peña Nieto no importan, pues éste “se transforma en una especie de Dorian Gray político, cuya verdadera personalidad e imagen se intenta ocultar”. No se trata de contratar simples pautas publicitarias en los medios, ni de hacer product placement en los programas más populares del Canal de las estrellas, sino de crear un paquete mediático que logre comunicar una narrativa atractiva para las masas de manera contundente y con tres años de antelación a las elecciones presidenciales. Más que ser un simple medio para difundir comerciales de los logros del gobernador del Estado de México, Televisa se ha convertido en una gigantesca agencia de marketing, la cual le ha diseñado un sofisticado trabajo de imagen a Peña Nieto -el cual incluye, desde luego, su actual romance con Angélica Rivera, la actriz de la telenovelas con la que comenzó a dejarse ver tras la inesperada muerte de su esposa, Mónica Pretelini, en enero de 2007. Villamil señala que el funcionamiento de la dinámica pasa por maquillar, ocultar y encubrir el pago de de una costosa propaganda que, en los hechos, constituye una precampaña presidencial anticipada:

“Para lograr esto se utilizan servicios de agencias de promoción que tienen el papel de intermediarios entre la estructura burocrática de gobierno y la estructura corporativa de las empresas mediáticas. Son los nuevos brokers o intermediarios político–publicitarios que impiden seguir de una manera clara la ruta del dinero. Los brokers involucrados, especialmente TV Promo y Radar Servicios Especializados, se caracterizan por operar como estructuras paralelas de Televisa que lo mismo sirven para ocultar gastos que para desviar millonarios recursos públicos. Esto permite una alta discrecionalidad y un cuestionable manejo del erario, puesto que se maquillan los gastos reales para que éstos no sean auditados y se les oculten tanto a los ciudadanos mexiquenses como a los accionistas minoritarios de Televisa. Otro efecto pernicioso: la veracidad y objetividad de la relación entre medios y políticos se transforman en un trueque de favores, dinero y gestión política, a cambio de impunidad y promoción mediática.”

Ante las críticas, Televisa ha sostenido que el gobierno del Estado de México es un cliente más y que no hay nada de extraordinario en las pautas que su gobierno contrata. Lo mismo ha argumentado Televisión Azteca, que en menor medida también se ha subido al proyecto Peña Nieto. Sin embargo, independientemente de la desproporcionada presencia del gobernador en las pantallas, lo cierto es que ya no sólo son periodistas incómodos como Villamil los que señalan anomalías. Ejemplo: el celebrado periodista español José María Siles denunció en julio que Televisa contrató sus servicios para cubrir una gira de Peña Nieto por Turquía con recursos provenientes del Estado de México. Televisa, de nueva cuenta, se deslindó del asunto. Empero, a estas alturas resulta ya casi de dominio público que existe un apoyo real y sistemático de la televisora hacia la figura de Peña Nieto. Esa dinámica, en palabras de Villamil, se intensificará aún más en los meses por venir:

“Se trata de transformar a un gobernante y su obra en un reality show, perfectamente producido, calculado hasta en sus más mínimos detalles, mezclando lo público con su vida privada, creando una verdad aparente, un espectáculo incesante, un mundo onírico e idealizado, con ciertos tintes de melodrama, en un esquema que recuerda la fábula cinematográfica de The Truman Show. La diferencia es que Peña Nieto y el grupo que lo respalda sí están conscientes de que forman parte de una maquinaria mediática que ha mercantilizado al extremo su figura, al grado de colocarlo en la antesala de un personaje de telenovela, gracias a su relación con Angélica Rivera, o “La Gaviota”, como la conocemos todos por su papel en Destilando amor.”

Hace unas décadas, Emilio Azcárraga Milmo solía decir que “Televisa era un soldado del PRI”, pero en caso de que el proyecto Peña Nieto fructifique, en los tiempos de Azcárraga Jean el PRI bien podría acabar siendo un soldado de Televisa; una maquinaria que, desde el poder, le garantice que no habrá una tercera cadena de televisión y le proporcione una posición ventajosa en su intento por competirle a Telmex el dominio del mercado en las telecomunicaciones.

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2) Representa el arribo del Grupo Atlacomulco al poder

En febrero de 2005, el periódico Reforma publicó una entrevista en la que el entonces candidato priista a la gubernatura del Estado de México, Enrique Peña Nieto, le desmentía al reportero que tuviera lazos sanguíneos con Arturo Montiel o cualquier político asociado con lo que se conoce como el Grupo Atlacomulco, una camarilla de poder originaria del municipio del mismo nombre a la que se le atribuye el control de la política mexiquense, y cuyos miembros más prominentes son frutos, en mayor o menor grado, de un mismo árbol genealógico. Palabras más, palabras menos, Peña Nieto explicaba que Atlacomulco era un lugar muy pequeño en el que simplemente había varias coincidencias de apellidos, nada más. Desafiante, Peña Nieto afirmó que no conocía su árbol genealógico, pero que sí alguien se animaba a investigarlo, él no se opondría a que se hiciera.

El periodista Francisco Cruz leyó la entrevista y le tomó la palabra. Originario de Metepec, Estado de México, Cruz estaba familiarizado con muchas historias sobre la dinastía que ha dominado al “Edomex” desde 1942, año en que Isidro Fabela, el gran patriarca del Grupo Atlacomulco, llegó a la gubernatura. Por ello, no le resultó difícil cruzarlas con Jorge Toribio Montiel, miembro de la familia, y reconstruir la pieza central de su libro Negocios de familia: el árbol genealógico que no sólo demuestra que Peña Nieto es pariente de Arturo Montiel, sino de otros cinco exgobernadores del Estado de México, todos “atlacomulquenses”: Salvador Sánchez Colín, Alfredo del Mazo González, Alfredo del Mazo Vélez y el mismo Isidro Fabela Alfaro. Para Cruz, la ascendencia de Peña Nieto es un factor toral para explicarse su éxito:

“Si hoy Enrique se dirige al palacio presidencial, es porque nació en Atlacomulco. ¿Por qué lo ha negado con eficacia? Por una cuestión de suerte. Sólo su familia materna, la del lado de los Nieto, es originaria del municipio. Los Peña llegaron de Acambay, el municipio vecino. Ya insertados en la sociedad atlacomulquense, los apellidos se fusionaron: su padre fue Enrique Peña del Mazo, y su abuelo materno, Enrique Nieto Montiel. Sin proponérselo, a Enrique le tocó la fortuna de tener ocultos sus orígenes montielistas cuando contendió por la gubernatura, lo que le permitió deslindarse de las acusaciones por abusos y corrupción contra su antecesor, Arturo Montiel.”

De llegar a la presidencia, la dinastía Atlacomulco adquiriría, además, tintes de carácter mítico, pues como documenta Cruz en su obra supondría el cumplimiento de una profecía formulada por Francisca Castro Montiel, una vidente ligada a la familia que en 1940 reunió a los políticos más notables de Atlacomulco para anunciarles con voz de arcano mayor: “Seis gobernadores saldrán de este pueblo. Y de este grupo compacto, uno llegará a la presidencia de la República”. Para los principales políticos priistas del Estado de México, el proyecto Peña Nieto no es un simple juego de poder, sino el cumplimento de todo un destino manifiesto.

PEÑA-MONTIEL

3) Salinas maniobra a favor del “golden boy”

El 22 de noviembre de 2008, el diario The Financial Times publicó una entrevista en la que Carlos Salinas de Gortari, casi siempre tan reservado en materia de espaldarazos públicos, se deshacía en elogios para el galán del priismo, Enrique Peña Nieto. El expresidente, quien ha asistido con desenfado a varios eventos claves en la vida del gobernador (su toma de posesión, el funeral de su padre), le reveló al periódico inglés que “veía en Peña nieto la misma vitalidad que él tenía cuando construyó su camino a la presidencia dos décadas atrás”. Sin complejos y en términos muy directos, el villano favorito de México destapó a Peña Nieto como el próximo presidente del país en una de las publicaciones de mayor influencia en la aldea global.

La simpatía de Salinas por Peña Nieto, en opinión de Cruz, rebasa el terreno de las anécdotas de sociales:

“El grupo histórico de Salinas está muy ligado a Peña Nieto vía Arturo Montiel. La renegociación de la deuda del estado durante la administración de Montiel fue realizada bajo la consultoría de Protego, la empresa de Pedro Aspe Armella, quien fue secretario de Hacienda de Salinas. El encargado de renegociar la deuda fue uno de los hombres más cercanos a Aspe en Protego, Luis Videgaray Caso. El grupo de Montiel es el mismo que hoy está en la administración de Peña Nieto, quien mantiene una relación en extremo amistosa con su antecesor y con Salinas de Gortari. Videgaray fue secretario de Finanzas con Peña Nieto antes de lanzarse como diputado federal.”

La cercanía no se agota en las relaciones personales. Arturo Montiel fue un gobernador atípico en el sentido de que, a diferencia de otros políticos mexiquenses más tradicionales, mostró un franco desprecio hacia algunas viejas figuras de la política del estado. En lugar del clásico reparto de cuotas, conformó al primer círculo de su gabinete con colaboradores muy jóvenes, de formación tecnocrática y de perfiles gerenciales y administrativos, a los que la prensa local denominó con el mote de “golden boys”. El “golden boy” más avanzado es, obviamente, Enrique Peña Nieto, quien siente un aprecio hacia la figura de Salinas de Gortari que rebasa el vulgar interés político. En palabras de Villamil, Salinas es el rol modelo que aspira ser:

“Los “golden boys” son los metrosexuales de la política del Edomex. Son jóvenes, provenientes de universidades privadas, frívolos y muy conscientes del poder de los medios y de la imagen. Es decir, en buena medida, muy cercanos a todo lo que emblematizó la presidencia de Salinas de Gortari. Los tecnócratas de Estado de México, encabezados por Peña nieto, ven a Salinas como un héroe político. Hay una empatía conceptual innegable.”

Bajo este contexto, la llegada del “golden boy” a la presidencia de México implicaría una normalización de la vida pública de Arturo Montiel y Carlos Salinas, ambos poseedores de imágenes vapuleadas por numerosos escándalos de corrupción y abuso de poder.

4) Peña Nieto es nuestro primer “wikipolítico”

¿Cuáles son los elementos que integran el carisma de Peña Nieto? ¿Su capacidad retórica? ¿Su arrolladora personalidad? ¿Sus propuestas vanguardistas? ¿Su hipnótica oratoria? En términos de popularidad, por lo menos a escala nacional, el gobernador del Estado de México sólo es conocido por ser lo suficientemente guapo como para poder interpretar de manera convincente el papel del novio de “La Gaviota”. De sus ideas o logros, nadie sabe nada (lo que es demostrable si se analizan los resultados de los sondeos de opinión de los principales despachos de encuestas del país). En términos políticos, por el contrario, el proyecto Peña Nieto se distingue por una característica muy útil en la “grilla” mexicana: su sorprendente ductilidad. Villamil apunta:

“La principal virtud de Peña Nieto es la docilidad, si es que la docilidad puede ser considerada una virtud. No es un individuo al que se le pueda adjudicar una carrera producto de un esfuerzo propio. Siempre fue uno de los delfines de Arturo Montiel. A diferencia de otros políticos mexiquenses, como el mismo Montiel, o Emilio Chuayffet, o Carlos Hank González, Peña Nieto no ha sido diputado federal ni senador, ni tampoco ha tenido un cargo de alcance nacional. Es un producto local, aldeano. No es alguien a quien se le pueda describir en función de los logros de su trayectoria política. Vaya, ni siquiera fue un estudiante que mostrara grandes luces en la universidad. A Peña Nieto sólo se le puede definir en función de su trayectoria mediática. ¿Quién es él y cómo piensa? No lo sabemos, pero quizá eso sea su activo, lo que lo hace una masa perfecta para moldear por otros intereses. También opera hacia afuera: algunos sectores no enterados de la población proyectan en él expectativas de cambio por el solo hecho de que es joven y aparenta frescura. Es toda una construcción.”

La Wikipedia, la famosa enciclopedia pública en Internet creada por Jimmy Wales, opera de una manera revolucionaria pero no necesariamente confiable u óptima: cada entrada que la compone se alimenta de datos provenientes de cualquier usuario que tenga un alto interés en ese tópico específico, y por tanto esté dispuesto a dedicar tiempo y recursos para manipular la información. No hay una fuente identificable ni un punto de vista personal en el grueso de las entradas temáticas de la Wikipedia; sí existe, en cambio, una atractiva confluencia de intereses y opiniones, que si bien resulta útil a un nivel referencial, carece de rigor e incluso puede ser pródiga en falsedades.

El proyecto Peña Nieto opera con una lógica similar. El gobernador del Estado de México es el primer wikipolítico en la historia del país: una construcción virtual de intereses que será lo que esos intereses quieran que sea. Nada más.

Angélica Rivera

Obstáculos y controversias

El camino a la presidencia está lleno de sorpresas y dramáticas vueltas de tuerca. Para obtener la candidatura de su partido, Enrique Peña Nieto deberá sortear con éxito los siguientes factores:

a) El misterio alrededor de la muerte de Mónica Pretelini. Atractiva, simpática, dominante, proveniente de una familia de abolengo y dinero de Naucalpan, Mónica Pretelini Sáenz no sólo parecía ser la compañera ideal para que Enrique Peña Nieto recorriera el accidentado y largo camino hacia la silla presidencial, sino que a todas luces era un activo político que debía despertar las envidias de varios personajes presidenciables, matrimoniados con mujeres grises y de poco brillo. Es por eso que su muerte, atribuida a problemas relacionados con la epilepsia (enfermedad por la que, con una mediana atención médica, ya casi nadie muere en el mundo), tomó por sorpresa al escenario político nacional.

Versiones encontradas de las causas de la defunción, aunadas a la naturaleza inesperada de la noticia, provocaron que corrieran un sinfín de rumores y especulaciones que, nobleza obliga, nadie ha podido probar a cabalidad. Ahora bien, más allá de las causas de la muerte de Pretelini, fallecida a los 44 años de edad, lo cierto es que su relación con Peña Nieto distaba de ser un matrimonio ideal. Una vez que destape oficialmente sus aspiraciones por ser presidente, los últimos meses del matrimonio de Peña Nieto van a ser analizados con lupa por sus enemigos políticos y algunos medios de comunicación ajenos a su agenda. El posible esqueleto en el clóset: el descontento de Mónica frente a las supuestas infidelidades de su esposo. En ese sentido, el previsible matrimonio de Peña Nieto con Angélica Rivera resultará crucial para sanear la imagen del “golden boy”.

b) La naturaleza conflictiva del Estado de México. En política, no hay nada seguro para nadie: los muertos de hoy pueden ser los líderes del mañana, y viceversa: los caballos más prometedores pueden terminar en el último lugar una vez finalizada la carrera. La atmósfera bronca del Estado de México maximiza la incertidumbre. Faltan aún tres años para las elecciones presidenciales y cualquier cosa puede pasar: una crisis política, un escándalo de corrupción, otro levantamiento explosivo al estilo de San Salvador Atenco (que esta vez sí sea incontrolable), una tragedia como la de la Guardería ABC en Hermosillo, etcétera. La naturaleza adelantada de la precampaña de Peña Nieto –tan excesiva que a veces parece un intento por establecerlo como un presidente de facto en el inconsciente colectivo-, bien podría tornarse en su contra: cualquier paso en falso podría motivar un desmesurado rechazo de una población acostumbrada a verlo como el protagonista de una telenovela rosa sin mácula posible.

c) Manlio y Beatriz. Si bien su nominación a la candidatura del PRI a la presidencia luce por momentos casi inevitable, Peña Nieto pertenece a un partido en el que, para ponerlo en términos populares, “hasta el más calvo se hace trenzas”. Cabe recordar que el antecesor de Peña Nieto en la gubernatura, Arturo Montiel, fue brutalmente apaleado cuando quiso competir por la candidatura presidencial priista por un político aún más astuto e inescrupuloso que él: Roberto Madrazo Pintado. Madrazo no mostró clemencia alguna y filtro múltiples casos de corrupción ocurridos al interior del gobierno de Montiel, quien literalmente tuvo que desaparecer para evitar el acoso de la prensa y una posible investigación que redundara en su detención. Peña Nieto deberá lidiar con un político aún más duro que Madrazo: Manlio Fabio Beltrones, exgobernador de Sonora y actual senador que controla casi la totalidad de la agenda legislativa, así como buena parte de los entretelones del devenir político nacional. ¿Manlio quiere ser presidente, y por ende enfrentarse a Peña Nieto, o se sentiría más cómodo en una posición negociada que le permitiera conservar su calidad de máximo operador político al interior del Partido Revolucionario Institucional? En entrevista, Raymundo Riva Palacio, exdirector de El Universal y autor de la columna Estrictamente Personal, formula una hipótesis:

“Beltrones es uno de los políticos más sofisticados del país. El sabe que para aspirar a la presidencia tendría que limpiar su clóset. La impresión general es que tiene muchos esqueletos. En caso de querer competir, su estrategia consistirá en adelantar las posibles controversias y sanear su imagen mediante la apertura de una serie de debates respecto a sus supuestos pecados pasados, sobre todo los que tienen que ver con el narcotráfico. Manlio es tremendamente inteligente. Hay que recordar que logró que The New York Times, publicación que lo señaló como narcopolítico, se retractara y emitiera una disculpa pública. Yo creo que él sí quiere ser presidente. No obstante, si Peña Nieto mantiene tan altos sus índices de popularidad durante los próximos dos años, la situación le resultaría muy complicada y buscaría negociar.”

Por otra parte, Peña Nieto también tendrá que negociar con la presidente de su partido, Beatriz Paredes, quien bien podría mover sus fichas a favor de otro candidato, o inclusive buscar ella misma la nominación. Es improbable que la obtenga, pero al colocar en un embrete al “golden boy” ampliaría su margen de maniobra para obtener mayores beneficios.

+Este reportaje se publicó en la edición de septiembre de Deep. ¡Cómprenla!

agosto 12, 2009

Perro sí come perro: una charla con Raymundo Riva Palacio

por Mauricio González Lara

raymundo riva palacio

Raymundo Riva Palacio armó su primer periódico a los ocho años de edad. Todos los días, Raymundo recogía el periódico en las mañanas para leerlo, recortarlo y reordenarlo bajo la caótica línea editorial de su mente infantil. Sus familiares, desesperados por no poder leer nunca el diario en su formato original, terminaron por convertirse en sus primeros censores.

El romance de Raymundo con la tinta no ha parado desde entonces: durante ya más de tres décadas, Riva Palacio ha sido reportero, corresponsal, columnista, editor y director de varios de los medios más importantes de México (Notimex, Reforma, Milenio, El Universal, entre otros). Su nueva apuesta, sin embargo, no es impresa: en meses recientes, Riva Palacio lanzó Ejecentral.com.mx, un agregador de información al estilo de The Huffington Post que busca llenar los vacíos de información periodística online del país.

En entrevista, el autor de la columna “Estrictamente personal” demuestra que “perro sí come perro” y habla sin tapujos de los vicios que aquejan al periodismo actual.

Muchos piensan que el periodismo de hoy es incisivo y libre, a diferencia del que se practicaba durante la era clásica del PRI, que era considerado acrítico y servil. ¿Cuál es tu percepción?

Vamos por partes. ¿Antes había un periodismo acrítico? La respuesta es no. Lo que había eran medios acríticos, que es muy distinto. Esa diferencia es fundamental. Hace algunas décadas, los periodistas se preguntaban cómo transmitir las cosas que eran importantes sin pasar por la autocensura que se imponían los mismos medios en función de su relación con el gobierno. Era muy común que escribieran una nota en un periódico y en el cuarto o quinto párrafo insertaran la información de valor, para que entrara suavecito y sin llamar la atención de los censores. Eso no era una actitud acrítica, sino una dinámica creativa y de supervivencia. Hoy, los medios ya no guardan esa relación con el gobierno; no obstante, siento que son mucho más acríticos que en otros tiempos.

¿Cuál es el problema? Una enorme autocomplacencia: como ya no cuesta trabajo investigar ni formarse un contexto gracias a los avances tecnológicos, los periodistas se han vuelto apáticos y conformistas. Si a eso le sumas que actualmente los reporteros se involucran más en términos emotivos con las fuentes y los funcionarios a los que deben reportear, la distancia necesaria para crear una visión crítica se recorta aún más. Es triste, pues los periodistas hoy cuentan con muchísimas herramientas y una mejor preparación que la de sus predecesores.

El periodista actual es perezoso. También hay mucha impunidad, cualquiera dice lo que sea y no pasa nada. En 2009, un periodista valiente no es el que crítica al presidente, sino el que lo defiende con argumentos y de manera articulada. ¡Vaya que para eso se requiere ser valiente! Tampoco hay que confundirse: la postura crítica de varios periodistas es falsa. Por ejemplo, ¿por qué casi nunca se ataca a los empresarios? ¿Quiénes atacan en los medios a Carlos Slim? ¿Quiénes son los que dicen que es el dirigente de un monopolio con muchos expedientes abiertos? Nadie, porque cuando los medios están urgidos de publicidad es al primero al que recurren.

Todo mundo opina. Hay un sinfín de académicos y dizque expertos que escriben artículos de opinión, pero casi no veo a nadie que haga reportajes de investigación.

Sí, aunque de ese mundo de opiniones que describes habría que separar a dos grupos de acuerdo al manejo que le dan a la información: los articulistas y columnistas que cuentan con una escuela periodística, y los que no la tienen. Los segundos, que con frecuencia son académicos o intelectuales de renombre, no tienen en realidad ninguna incidencia en la gente. Quizá importen en el juego de espejos que compone el escenario mediático, pero su impacto es muy reducido. Los primeros, en cambio, producen reacciones en la opinión pública y causan tensión entre grupos de poder. La razón es que la escuela periodística te crea el hábito de insertar elementos noticiosos que vuelven más valiosa la información, lo que le permite al lector común y corriente vincular acontecimientos y detalles de una manera más profunda que la mera opinión de uno de estos personajes que pasan como analistas. Esta dinámica se puede probar con datos concretos.

Cuando estuve en la dirección de El Universal, me llegaban los datos del tráfico del sitio del periódico: los columnistas de formación periodística generaban entre 35,000 y 80,000 impactos por columna; los otros articulistas no periodísticos, en cambio, no generaban más allá de 6,000 impactos.

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¿Cómo explicas entonces que los medios privilegien esta “comentocracia”?

Es un asunto de copias y modas. Cuando Reforma inició operaciones en 1993, uno de los desafíos del periódico era atraer la atención de la gente. Para lograrlo, Reforma, en lo que a la postre probó ser una decisión muy inteligente, sacó la chequera y contrató a todos aquellas plumas que pudo contratar que contaban con un nombre y que representaban algo frente a diversos grupos de interés a nivel intelectual. Antes había casos aislados de intelectuales que escribían en periódicos, como los de Octavio Paz o Daniel Cosío Villegas, pero nada parecido a lo que hizo Reforma. En ese entonces, el impacto fue fuerte, por lo que sólo fue cuestión de tiempo para que los otros periódicos los imitaran y termináramos con la “comentocracia” que hoy domina los medios. Vaya, hasta Excélsior le apostó a la “comentocracia” en su reciente renovación, aunque sin el éxito de Reforma. Así se originan muchos fenómenos en la prensa: por imitación.

La “declaracionitis”, por mencionar otra tendencia nociva, la inventó Julio Scherer en los 70 a partir de una declaración de banqueta del entonces secretario de Agricultura, Oscar Bauer, quien manifestó que la utilidad del ejido y los campesinos era política y electoral, pero no agrícola. La nota apareció en ocho columnas y provocó un enorme revuelo. Scherer, quien dirigía Excélsior, interpretó bien la situación y mandó a sus reporteros a obtener comentarios de altos funcionarios en torno a lo dicho por Bauer, lo que a su vez redundó en una feria de declaraciones o “sound bites” que prolongó el escándalo de la nota original por varios días. El impacto de esto es efímero, pero es muy popular y redituable, ya que no requiere invertir recursos en grandes investigaciones. A la larga, esta lógica se consolidó en una escuela periodística desastrosa que aún no nos podemos quitar.

Otro aspecto oscuro es la falta de confiabilidad. Hay periodistas que te informan un día que General Motors está prácticamente quebrada, para luego aparecer semanas después en comerciales de esa misma empresa afirmando que la bancarrota es en realidad una reingeniería y que todo va bien.

Estás tocando algo que no existe en México: la noción del conflicto de interés. El periodismo mexicano no tiene ética. Esto no es nuevo. Antes, la ética del periodismo mexicano se centraba en quién recibía un sobre con dinero y quién no. Sin embargo, los métodos de compra se fueron sofisticando, y entonces comenzamos a ver a directores de periódicos que recibían cuadros de Siqueiros del presidente en turno y que, lejos de considerarlo como un soborno, lo veían como una atención del ejecutivo. Hace apenas unos años había jefes de secciones de deportes que también se desempeñaban como jefes de prensa de una institución deportiva gubernamental, y nadie decía nada ni lo aceptaba como un conflicto de interés.

No creo que las cosas vayan a cambiar. Al contrario, existen muchos incentivos para realizar estas prácticas. Incluso, varios directores o dueños de publicaciones dicen: “yo les pago mal a mis empleados, pero cierro los ojos frente a lo que hacen afuera”. Para muchos periodistas, la práctica de recibir regalos es un principio asumido de la profesión. Lo ven como una compensación a su bajo sueldo. ¿Esa es la prensa crítica? Todo es una simulación.

Los medios compraron la visión de Felipe Calderón en el sentido de que el problema toral del país es el narco. Algo difícil de justificar cuando el PIB va a caer en más de un 7 por ciento y se van a perder alrededor de 800,000 empleos. ¿Entraremos a una nueva dinámica ahora que han pasado las elecciones?

Eso es un asunto de comunicación política. Cualquier gobierno en el mundo busca construir consenso, sea a través de propaganda, manipulación, coerción, etcétera. El gobierno puso sobre la mesa el tema de la seguridad y argumentó que ése era el problema principal del país, lo vendió con éxito y los medios lo creyeron. No todos, pero la mayoría sí lo creyó. ¿De quién es la culpa de que los medios no hayan argumentado que el problema principal no era la seguridad, sino la economía? Pues de esta visión acrítica de la realidad de la que hablábamos. Ahora ya pasadas las elecciones la agenda va a cambiar, pues es muy probable que en su afán de querer pasar una nueva reforma fiscal, el gobierno fije a la economía como el tema central y maneje un tono menos optimista. La reforma fiscal será algo prioritario. Vamos a ver cómo la venden frente a los reacomodos de poder en el Congreso. Lo que es desconcertante es que, a causa de esta visión acrítica de la realidad, los medios están jugando como nunca a favor de la agenda del gobierno.

A Felipe Calderón le ha tocado una de las prensas más dóciles que recuerde. Hay muchos aspavientos y arranques en lo individual, pero si lo llevas al terreno de las posturas editoriales de los medios, no hay actitudes críticas sostenidas en la mayoría de los casos. La televisión juega mucho también en esto, porque ahí se da otro fenómeno: las televisoras han absorbido a varios columnistas y articulistas de los periódicos para sus espacios de opinión. Los ha convertido en parte del star system. Muchos de esos periodistas quedan seducidos por la televisión: los empiezan a reconocer en la calle y los restaurantes, les piden autógrafos, en fin. En teoría, estas figuras deberían ser los interlocutores de la sociedad frente al gobierno, pero desde el sexenio de Carlos Salinas muchos de estos interlocutores se volvieron locutores, y en algunos casos, megáfonos del poder. La agenda de las televisoras se vuelve la de ellos, tanto en sus espacios televisivos como en los que tienen en periódicos y radio, y esto contribuye a que, en lo general, la prensa sea ahora mucho más dócil. Para un grupo como Televisa es estupendo: contrato a gente con fama de crítica y, a cambio de unos minutos una vez al mes en la barra de la noche, la agenda la defino yo. Por si fuera poco, existe otro agravante: la crisis económica reduce el margen de maniobra de los medios, sobre todo los que se publican en papel, lo que los torna más susceptibles a ser controlados por agendas de interés extraperiodísticas.

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¿No has estado tentado a convertirte en locutor?

Es un dilema difícil, porque la decisión implica costos en ambos sentidos. Hubo un momento en que pude transformarme en locutor, pero sentí que el daño en términos de imagen y credibilidad iba a ser muy grande. Sin embargo, ahora me doy cuenta que no haberlo hecho también acarreó costos en términos de presencia. Además, hay que decirlo, lo más seguro es que la gente no me lo hubiera recriminado. No existe memoria histórica en México. No es posible que individuos como Jacobo Zabludovsky o Ramón Alberto Garza, personajes que tienen toda una historia de servicio al poder, ahora pasen como vanguardistas y adalides de la libertad de expresión. Lo peor es que les funciona, no sólo entre la gente, sino entre sus propios pares.

Los periodistas mexicanos somos tropicales y terriblemente hipócritas. Yo recuerdo el caso de Howell Raines, un laureadísimo periodista estadounidense que tuvo que renunciar en 2001 al cargo de editor ejecutivo del New York Times cuando se descubrió que uno de sus periodistas escribió un reportaje con elementos plagiados de un periódico de San Antonio. Raines no estaba consciente del plagio de su subordinado, pero renunció cuando se enteró. Aquí no renuncian ni siquiera los plagiarios directos. Ahí tenemos el caso de esa figura de la “comentocracia” que acaba de ser candidata a diputada, Guadalupe Loaeza, a quien le detectaron dos veces el plagio de otros artículos. Ella se justificó con el argumento de que estaba enferma. ¿Dejó de escribir en los medios? ¿Fue sancionada? Desde luego que no. Y como ese caso, hay muchos, demasiados. (F)

*Esta entrevista se publicó originalmente en la revista Deep. ¡Vayan a comprarla!

*Las fotos son de Carlos García, fotógrafo de Deep. Si te gusta su trabajo,visita su “sitio”.

julio 2, 2009

Lecciones electorales (o cómo me enamoré de Maite)

por Mauricio González Lara

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Ahora que las campañas para las elecciones intermedias están a punto de ser un triste recuerdo, vale la pena recuperar algunas lecciones dejadas por el comportamiento de los actores del teatro político nacional.

1. Estamos secuestrados por la partidocracia. Los partidos políticos –PAN, PRI, PRD, PVEM y demás entidades amorfas bautizadas ya hace un buen tiempo por Vicente Fox como “la chiquillada”- han confeccionado un sistema electoral restrictivo e impenetrable. En términos prácticos, si una expresión política no pasa por el andamiaje de intereses, confabulaciones y complicidades de los partidos, simple y llanamente no existe. No sólo porque inscribir una candidatura independiente en las boletas frente a la ley electoral actual es una misión casi imposible –se piden porcentajes de registro iguales a los de un partido-, sino porque cualquier inquietud o reclamo que se registre fuera de la esfera de la partidocracia es considerada por los políticos profesionales como una blasfemia que, de no conjurarse, bien podría marcar el inicio del fin de los tiempos.

Caso de estudio: la condena automática y virulenta de los partidos frente al llamado de varios círculos sociales a votar “en blanco”. Nunca un tema electoral había galvanizado tanto a la clase política como la posibilidad de que los votantes se presentaran en las urnas y anularan su voto a manera de protesta. “Infantil”, “un retroceso de la democracia”, “un complot de fuerzas perversas”, “manipulación de intereses oscuros”, entre muchas otras, fueron algunas de las sentencias que el triunvirato conformado por el PAN, PRI Y PRD emitieron en voz de sus respectivos líderes: Germán Martínez, Beatriz Paredes y Jesús Ortega.

¿Cabía la posibilidad, así fuera mínima, de que un ciudadano que votara “en blanco” lo hiciera porque no confía en los partidos ni se siente representado por ellos? Desde luego que no: así como los hinchas mexicanos están obligados a llenar el Estadio Azteca para ver a su patética selección, los ciudadanos están obligados a soportar y reverenciar a los partidos, no importa qué tantas veces los jodan o los traicionen. No me cuesta ningún trabajo imaginarme a algunos de los candidatos dándose vuelo con sus sesudas reflexiones en algunos de los “think tanks” de la intelligentsia política mexicana (entiéndase el Champs Elysées, El Cardenal o el Churchill’s): “¡Pues qué se creen estos pinches indios! ¿Qué estamos en Francia?”

2. El rechazo y el disgusto no son sinónimos de apatía. Frente a una elección, el elector tiene tres opciones: votar por un partido político, abstenerse o votar “en blanco” a manera de reclamo contra el sistema (dentro de esta opción incluyo la posibilidad de que escriba el nombre de un candidato independiente, cuya viabilidad de ser electo al no estar registrado en la boleta, sobra decir, es nula). En esta elección, como nunca antes en la historia reciente del país, varios líderes de opinión (Eduardo Ruiz Healy, Carlos Loret de Mola, Dulce María Sauri, Lydia Cacho) expresaron abiertamente su deseo de dejar el “voto en blanco”.

Algunos de esos líderes, quién podría dudarlo, actúan en función de agendas políticas y empresariales; sin embargo, la incapacidad de la clase intelectual para responder a su argumento esencial –“no puedo respaldar a alguien en quien no creo”- reveló la increíble falta de racionalidad en la que se sustenta nuestro actual sistema político. A lo más, el grueso de los editorialistas se limitó a esbozar una defensa basada en el supuesto de que había que votar por el menor de los males, por el “menos peor”. ¿Se le puede exigir a un ateo que crea en el cristianismo porque de lo contrario se corre el riesgo de abrirle a la puerta a una posible expansión del fundamentalismo musulmán? No faltó, también, el comentarista que invocó la máxima de Winston Churchill: “la democracia es un sistema imperfecto, pero es el mejor que existe”. ¿Desde cuándo la democracia es sinónimo de un sistema partidista caciquil que no representa a la gente ni le rinde cuentas? Absurdo.

3. Nadie vigila nada. Durante la primera quincena de junio, Televisa transmitió a lo largo de su barra de telenovelas numerosos comerciales de su tradicional revista TVyNovelas, donde uno se entera de los chismes y vicisitudes de los famosos que estelarizan los culebrones mexicanos. La empresa está en todo su derecho de publicitar los productos que quiera. No obstante, en los anuncios se mencionaba que la revista traía una entrevista con Raúl Araiza, actor y conductor de Hoy, donde explicaba las razones por las que apoyaba las propuestas del Partido Verde, como la pena de muerte y el vale para medicinas. En síntesis, el comercial era un vil spot publicitario del Partido Verde disfrazado como anuncio de TVyNovelas, lo que en teoría constituía una falta a la ley electoral vigente, que prohíbe la contratación directa de espacios publicitarios en televisión por parte de los partidos. Hasta hoy, ni Televisa ni el PVEM ni el IFE han dado una explicación seria y congruente al respecto. Y como ese caso, se dieron muchos en esta campaña (de manejos similares de TV Azteca con su revista Vértigo, a la descarada entrevista que le hicieron a Demetrio Sodi en pleno medio tiempo de un partido de futbol). Conclusión: nadie vigila nada, no porque no importe, sino porque a ninguno de los actores mediáticos les conviene cerrar la caja.

4. Nuestra agenda de prioridades está jodida. Para regocijo del PAN, el tema que predominó en las campañas electorales fue la seguridad, y en específico, la lucha contra el crimen organizado. No dudo que la lucha contra el narco sea un problema grave que amerita resoluciones enérgicas; empero, es muy probable que en este 2009 la economía decrezca entre un 6 y 8 por ciento, a la vez que se pierdan entre 700,000 y un millón de empleos. La situación es crítica y se ubica casi en los mismos niveles de la crisis de 1995. ¿No debió ser éste el gran tema de discusión en las campañas? Si el decrecimiento fuera de 3 o 4%, quizá el argumento de que esta es una crisis generada en el exterior hubiera sido válido, pero queda claro que el gobierno ha sido incapaz de ejecutar las tan anunciadas medidas anticíclicas de principio de año, lo que ha redundado en que la recesión se transforme en debacle.

En materia económica, la obesidad de Agustín Carstens, nuestro secretario de Hacienda, se ha convertido en el símbolo perfecto de la abulia y la desidia de la administración de Felipe Calderón. Pero bueno, menos mal que para la mayoría de la población lo realmente importante es atrapar al Chapo (e ir al Mundial, obviamente).

5. Maite Perroni está buenísima. Los únicos spots electorales que me gustaba ver eran los del Partido Verde. Me imaginaba un mundo perfecto donde Maite y yo hablábamos de mariposas monarca y reservas ecológicas, justo después de hacer el amor en la terraza del piso 51 de Torre Mayor a las cuatro de la mañana.(F)

*Este artículo aparece en la revista Deep de este mes de julio. ¡Sal y cómprala!